¿Es horrible el cine actual o soy yo?
Extraño esperar con ansias el fin de semana para ir a la pantalla grande.
Cada viernes miro la cartelera con la esperanza de encontrar un estreno que rompa mi racha de inasistencias al cine.
En ocasiones, me he obligado a creer que una cinta pueda ser interesante con tal de animarme a abrir la App de Cinemex o Cinépolis (en México) y comprar una entrada.
No caigo. No me puedo engañar a mí mismo.
Necesito un pretexto para asistir, y no lo encuentro.
Desde que tengo memoria, siempre me gustó ir al cine, al menos, desde que empecé a ganar mi propio dinero y no depender de mis padres para asistir tanto como quisiera.
Era un lindo ritual, desde ir pensando si compraría un combo gigante de palomitas con refresco, o algo más elaborado como una crepa o chapata hasta subir las escaleras y dar con mi asiento.
Instantes después, comenzaba lo bueno: disfrutar la previa en forma de trailers de las películas que asomarían en el futuro cercano hasta que la oscuridad envolvía la sala con el logo de la productora anunciando que la función había comenzado.
Las semanas se hacen largas, el año madura con prisas y sigo sin encontrar alguna historia que me atraiga.
Y verás, no soy un tipo demasiado exigente.
Al cine voy a entretenerme, a pasarlo bien. Tanto te puedo ver una película de superhéroes como un buen thriller. Incluso, soy capaz de ver una comedia si la crítica es cuando menos decente.
Revisar la cartelera se ha convertido en mi dolor semanal. Si no es terror, es animación. Dos géneros que ignoro porque como dije, al cine voy a pasarlo bien. Imagínate pagar para que te causen sobresaltos cada tres minutos. Las de animación están bien, pero no es lo que busco.
Recuerdo que los veranos solían estar llenos de estrenos increíbles como la trilogía de The Dark Knight o los mismos Avengers por citar algunas series anuales.
Y qué decir de los inviernos: cuando no era la nueva de Harry Potter, era la siguiente de El Señor de los Anillos o El Hobbit. Eran auténticos eventos a los que asistía los sábados por la noche o domingos en la tarde. Incluso, había ocasiones en los que iba un lunes o martes, porque ir al cine era lo máximo.
El séptimo arte se quedó sin magia. Parece que las películas que me gustan no se hacen más. Ya no hay Búsqueda Implacable ni The Expendables. Ni pensar en algún Armageddon o alguna nueva de Star Trek. No hay nada de nada.
La alternativa para los que vivimos en Ciudad de México es la Cineteca Nacional, en cualquiera de sus sedes. El problema es que, salvo contadas ocasiones donde hay alguna película que me interesa como Perfect Days y El sabor de la vida, casi siempre nos encontramos con grandísimos dramas que hacen acongojar el corazón y tampoco es lo que quiero porque insisto: voy al cine a divertirme.
MI SOLUCIÓN TEMPORAL
Para mitigar esta horrenda situación he hecho dos cosas.
La primera es empezar una colección de películas clásicas que me gustan. Suelo aprovechar esas ofertas de $19 o $39 (MXN) de Apple TV. Así conseguí algunas joyas y otras de buen ver como se aprecia en esta imagen.
A mi juicio, la calidad de Apple TV es superior a la de cualquier otro marketplace de largometrajes, aunque ese es tema para otro día.
Lo segundo que he hecho, es conseguirme un proyector. Sí, porque las películas están hechas para verse en pantallas tan grandes como sea posible.
Si en tu ciudad hay pantallas IMAX, imaginarás la frustración de verlas desperdiciadas en películas de terror o animación cuando están hechas para cintas como Dunkirk, Dune, o mi favorita: Pacific Rim.
El problema con mi proyector es que no duró un carajo. Fui feliz cuatro meses hasta que una variación en el voltaje se lo cargó, y la reparación es tan costosa como reemplazarlo por uno nuevo. La moraleja es evitar los chinos cuya garantía es cuestionable y adquirir uno de una marca conocida. Sin embargo, el costo es elevado así que, deberá esperar un poco más.
La realidad es que teniendo un audio decente y un proyector, te acerca un poco a esa experiencia mágica y envolvente de disfrutar una película lo más cercano a lo que el director pretende. Lo recomiendo sin chistar.
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¿ENTONCES ES EL CINE O SOY YO?
Pienso que soy el problema, y no por hacerme al mártir e incomprendido.
Al final, los estudios y productoras son negocios, y los negocios tienen que producir dinero para sobrevivir.
Si las películas de animación o comedia son las que proliferan, es porque la gente es lo que desea ver, no importa si es La Monja XV o Toy Story 23, si eso hace dinero, eso se seguirá produciendo.
A los que nos gustan las grandes historias, siempre nos quedará la alternativa de montarnos un espacio en casa en el que podamos evocar los buenos tiempos acompañados de una gran historia, y la canasta de palomitas más grandes que exista.
Estoy tan loco por el cine, que te voy a contar una historia.
Tengo un récord.
Hace algunos años, me vi tres películas seguidas un domingo. Sí, en el cine. Comencé a las once de la mañana y salí a las cinco de la tarde. La cabeza me iba a reventar, obvio, pero como experimento, fue fantástico.
¿Alguna vez has hecho algo así?
¿Sientes que el cine ya no es lo mismo que antes?
Me encantaría leer tu opinión.








