Edén: "El precio de empezar de nuevo" en Prime Video
Nadie escapa de sí mismo, ni aunque se pierda en medio del mar.
EL VIAJE
Hace unos días me apareció entre los estrenos destacados de Amazon Prime la película Edén. Cuando de islas desiertas se trata, pocos se pueden resistir, especialmente si alguna vez has pensado “me gustaría vivir en una isla desierta, para que nadie esté molestando.”
Vi el tráiler y me la apunté para el fin de semana. No siempre acudo a la cita, pero la idea de mudarse a una isla para “conseguir felicidad” era lo suficientemente atractiva para dedicarle las dos horas que tarda.
Por si fuera poco, el reparto con el que cuenta es de altísimo nivel. Aquí estaremos ante la presencia de Jude Law, Vanessa Kirby, Ana de Armas y Sydney Sweeney, por citar algunos de los rostros que iluminan la pantalla.
La sinopsis de la película sería algo como esto:
Edén es un thriller de supervivencia basado en hechos reales: un grupo de europeos decide abandonar la civilización y asentarse en la remota Isla Floreana (Galápagos) buscando otra vida… pero las tensiones y el aislamiento lo cambian todo.
¿Vale la pena?
Te lo cuento.
LO QUE FUNCIONA
Lo primero que cautiva es la fotografía. Esos planos abiertos que apuntan hacia el mar y las montañas cargadas de vegetación te dejan claro que la vida en ese sitio es realmente difícil.
El reparto es convincente, cada personaje marcado con su propia personalidad. Si tuviera que quedarme con uno, diría que Jude Law se metió de lleno en el papel del Dr. Friedrich Ritter, un hombre convencido de que su investigación cambiaría el destino del mundo. Una empresa noble, sin duda. Quizá demasiado optimista, pero siempre hay que estar del lado de los que intentan cosas distintas.
También me gustó que la historia se desarrollara desde varias aristas. Al Dr. Ritter lo acompaña su esposa, Dore Strauch (Vanessa Kirby). Son una pareja extraña, es como si su relación existiera en un plano superior, lejos de la cursilería habitual.
Sin embargo, la presencia de Sydney Sweeney y Ana de Armas introduce nuevas subtramas dentro de la historia, quitándole monotonía a la vida solitaria de la pareja original de la isla.
En esta trama se siente la desesperación de los personajes cuando nada de lo que daban por sentado existe en la isla. Ahí pasan barcos cada siglo, así que ni las provisiones están garantizadas. Todo es hostil: la fauna, el clima, hasta el silencio.
La película deja claro que vivir en una isla no es una decisión que se tome a la ligera. Vivir en un cuerpo de tierra rodeado de agua no es ir de paseo a Cozumel o Isla Mujeres.
En Galápagos estás más cerca de la prehistoria que de la civilización.
LO QUE NO TANTO
El ritmo de la película decae por momentos. Tal vez es una impresión, pero siento que necesitaba ralentizarse en ciertas partes para conocer mejor las motivaciones de los personajes. Lo que quiero decir es que me gustó más el inicio, cuando el peligro parecía asomar detrás de cada arbusto.
También confieso que el personaje de La Baronesa (Ana de Armas) me llegó a fastidiar. Sí, es una campeona del egoísmo y la manipulación, aunque uno puede entender su razón de ser así. No siempre podemos elegir la vida que nos toca, pero sí podemos redefinirla con lo que ya sabemos.
El desarrollo del Dr. Ritter también va en decadencia, aunque no podemos culpar al guionista: al final, la historia está basada en hechos reales. Aun así, esperaba una resolución a la altura de su objetivo.
Y un detalle: llega mucha gente en poco tiempo. En la película se explican las razones y son convincentes, pero cuando empiezan a ser varios, la sensación de aislamiento se diluye, aunque vivan separados unos pocos metros. Quizá faltaron más planos para recordarnos la soledad que enfrentó esta gente a pesar de todo.
LO QUE SE QUEDA CONTIGO
La ambientación, los personajes y la gran fotografía (con los bandazos mencionados) están bien logrados. Cuando menos lo esperas, ya estás sumergido en la historia y sufriendo en medio de la naturaleza —y de muchos perros salvajes— junto a los habitantes.
Otra cosa que permanece unos días es la idea de dejar todo y recomenzar. ¿Es acaso posible?
Pareciera que el humano está condenado a su autodestrucción. El egoísmo es la raíz de todos los males. Da igual si es una isla o si es un planeta: todos quieren ganar, sin importar las consecuencias.
No es que eso suceda precisamente en la película, pero es una enseñanza que se transmite: convivir con otros humanos siempre es tarea imposible. Cada cabeza es un mundo, y nunca mejor ilustrado que en esta obra de Ron Howard.
Quizá el paraíso no existe.
Tal vez todo sea ilusión, y a eso siempre se aferra la humanidad.
Al fin que si algo nos gusta, son los placebos.
VEREDICTO DEL CRONOVERSO
La película cumple su función: entretiene. Pero además, nos acerca a ese sueño de vivir lejos de todo y todos. Quizá llevado al extremo, pero sirve para entender que si algún día decides irte a una isla o a las montañas… no se aceptan vecinos. Ni siquiera familiares o amigos.
La producción es valiente. Las salas en las que se proyectó fueron pocas, pero siempre da la sensación de ser una película de gran pantalla, no de streaming directo.
Vale la pena darle un vistazo si alguna vez soñaste con mudarte a una isla, pero tu expectativa es que sea más cercana a la de Gilligan que a una versión realista, donde la naturaleza te pondrá a prueba día con día.
El CRONOVERSO le da una calificación de 3.8 cohetes 🚀 de 5.
Es buena, invita a la reflexión, pero no es para quien busque misterios, asesinatos, culpables o acción.
Es el típico “What if” que te deja pensando más en nosotros que en la isla.







